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Licenciado en composición, profesor de piano, estudios de dirección escénica y dramaturgia

miércoles, 30 de marzo de 2016

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL COMO PILAR

Somos conscientes de que todas las materias de enseñanza son importantes. Tanto las que se ocupan de la educación en su vertiente científica como humanística. Pero aun teniendo esta realidad presente queremos volver a retomar que hay una materia a la que debemos prestar especial atención. Nos referimos a la educación emocional.  Esta debe cubrir una serie de necesidades básicas sociales en nuestros alumnos y alumnas. Para ello nuestro centro debe estar dotado de una serie de educadores, que como decíamos con anterioridad, tienen que estar altamente comprometidos y preparados para abordar esta compleja misión.  
 
       No se trata solo de educar en competencias, también se debe educar en una serie de valores que van desde la autoestima, el compañerismo, el bienestar social, la habilidad para aprender a aprender, la inteligencia interpersonal e intrapersonal, el auto-aprendizaje, aprendizaje cooperativo y colaborativo, etc.  Hay múltiples teorías que abalan este tipo de educación desde la neurociencia, la psiconeuroinmunología, la teoría de las  inteligencias múltiples o la inteligencia emocional   (Rafel Bisquerra, 2016).
          Para llevar a cabo este tipo de educación es necesario realizar una educación donde la palabra innovación brille en todo su esplendor a cada momento de la vida educativa de nuestros niños y niñas en nuestro centro educativo. Hay que dejar a un lado las trasnochadas actuaciones pedagógicas tradicionales, que ponían el trabajo y el estudio memorístico junto con el aprendizaje basado en rutinas y la repetición, como centro y eje del aprendizaje.  Parece que la vuelta a estos métodos es el fundamento de la nueva ley educativa LOMCE una educación llena de trabas, exámenes, sesgada, selectiva, enfocada para que a priori sólo una élite sea capaz de alcanzar estudios superiores universitarios, entre otras circunstancias.
         Los encargados de llevar a cabo la enseñanza en nuestra particular escuela deben ser conscientes de que la educación impartida, (ya sea como profesionales en nuestro centro o la asumida durante los años de aprendizaje y formación inicial en la carrera de magisterio) debe estar marcada por un trabajo cooperativo y colaborativo de sus miembros, futuros y futuras docentes.
        Tenemos muy claro que los docentes de nuestra escuela deben dar prioridad a lo grupal sobre lo individual, donde un valor fundamental, a tener en cuenta por nuestros educadores, es en aprender a compartir por encima de la actitud competitiva, con el objetivo de aprender los unos de los otros. No nos olvidemos de que el educador tiene por delante un proceso de continua y constante formación, la educación es un proceso de vida, de la misma forma que el artista intenta perfeccionar una misma escultura o composición musical a lo largo de toda su vida con la intención de conseguir la a veces inalcanzable excelencia. Esto es algo dificultoso, imposible de lograr diríamos, pero en nuestros educadores debe existir al menos esta predisposición y constante búsqueda de mejora.  
            Nuestra idea de hacer de la innovación el eje de la enseñanza, donde predomine la educación emocional no surge de manera casual o por intuición sino de nuestro auto-convencimiento, basado en los avances que han tenido lugar en la neurociencia. Creemos que nos es objeto de este blog ahondar en las bondades de la neurociencia en el campo de la educación pero si queremos hacer una breve referencia a lo expuesto por Miguel Sola en uno de sus artículos: “Las teorías psicológicas y sus correspondientes propuestas pedagógicas y didácticas están siendo refrendadas por hallazgos científicos indiscutibles; lo que solo eran modelos para comprender al aprendizaje, basados en la observación y el análisis de las conductas, ahora encuentran justificación en el comportamiento observable y medible de la actividad neuronal”.


            Como nos sigue anotando en su artículo Miguel Sola nada de esto es novedoso, nosotros pensamos que quizás lo más novedoso sería que los centros públicos pudieran superar los escollos y zancadillas del gobierno de turno para llevar a cabo una auténtica enseñanza innovadora en centros públicos y no solo, como anteriormente expusimos, en centros prefabricados para una élite, como es el caso de los centros Montessori de reconocimiento internacional y óptimos resultados.  
           Como apunte final a este apartado queremos exponer que la innovación no se trata solo de emplear recursos TIC, una pizarra virtual, un proyector, un equipo de sonido, o un software libre de uso en un aula acondicionada con ordenadores para los discentes, sino que se trata de una forma de entender la educación de una filosofía de enseñanza, que va más allá de lo meramente material y superficial. La innovación y los frutos de una educación emocional deben ir hacia un enfoque profundo de la enseñanza en el aula que además debe prolongarse fuera de esta en la vida cotidiana de los niños y niñas a través de sus relaciones, intrapersonales, familiares y sociales.

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