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Licenciado en composición, profesor de piano, estudios de dirección escénica y dramaturgia

miércoles, 30 de marzo de 2016

DIVERSIDAD E INTEGRACIÓN

   UN PROBLEMA QUE NOS PREOCUPA Y NOS OCUPA
 
            Hay un aspecto de la vida en el aula que nos preocupa sobradamente, es el concerniente a la atención a la diversidad. 
            En la actualidad,  se dan numerosos casos en la que ciertos alumnos, debido a sus características personales, pueden sentirse desplazados, incluso víctimas del aislamiento de parte de la clase (por no hablar de posibles y frecuentes casos de bullying). Aunque nuestra propuesta de escuela pretende proporcionar un ambiente lo suficientemente sano, parece inevitable que haya niños con ciertos problemas emocionales, ya sea por sus rasgos personales o por el ambiente familiar.
            La atención a la diversidad es un aspecto que en la sociedad actual debe tomarse con más seriedad, se presenten o no problemas en ese momento. Los órganos políticos competentes a tal efecto deben poner su mirada, ya que se corre el riesgo de que a una edad temprana nuestros niños y niñas se vean marginados, o “atacados” en su propio centro educativo; lo cual posiblemente acarreará en ellos a corto y largo plazo graves problemas de adaptación social, ya sea dentro de su ámbito familiar más próximo, escolar con sus iguales y o profesores, o en el futuro durante la edad adulta.
            Nuestra escuela contaría con un gabinete psicopedagógico, que orientaría y trataría cada caso de forma individualizada tanto para alumnos “victimas” como para los “atacantes” que utilizan la diversidad como arma arrojadiza de exclusión. Esto no es nada nuevo ciertamente pero se requiere, y proponemos, un seguimiento muy específico por parte de nuestra familia educativa para solventar los problemas que puedan producirse en clase y fuera de ella; mediante la que se garantice una óptima formación en el aula, y que a su vez repercuta de forma positiva en sus vidas cotidianas fuera de la escuela.
Francesco Tonucci nos dice:


 "La escuela debe ser, sobre todo, un lugar donde se aprende a vivir. Y a vivir bien".

La forma de atacar estos problemas las haríamos de dos formas: por una parte, las dinámicas de grupo dentro del aula se centrarían en solucionar esos problemas específicos, y por otro lado, sesiones individualizadas, pero voluntarias, con los chicos que presenten problemas. El educador debe estar muy atento para localizar los problemas emocionales de los niños, que en muchas ocasiones son difíciles de captar. La propia función de las asignaturas (teatro, música) ya atiende a estos problemas emocionales. Si aún siguen surgiendo, el segundo paso sería tratar el tema en las asambleas o  en la asignatura de Sociedad, que proponíamos en nuestra primera entrada 'La escuela que queremos'. 
            Pero queremos detenernos en dos supuestos extremos (dentro de los muchos que pueden darse en el aula). Por un lado podríamos encontrarnos en una misma clase alumnos que presentan alta capacidad, y por otro lado a alumnos con algún tipo de discapacidad, como pueda ser el trastorno del espectro autista.
            Tanto en un caso como en otro debemos tener especial cuidado como educadores en que el resto de compañeros acepten y comprendan la diversidad de sus iguales. Procurando trabajar en nuestros alumnos “especiales” sus puntos más débiles para que adquieran una educación más completa; y no caer en el error de mantenerlos seguros en su zona de confort, bajo los parámetros que dominan y conocen, con el consiguiente riesgo de que puede ralentizarse de forma exponencial su aprendizaje. Esto requiere de un gran esfuerzo por parte del docente dentro del aula pero sobre todo de los alumnos, auténticos protagonistas del proceso educativo.  Por otro lado se seguirán potenciando aquellas habilidades para las que presentan una mayor capacidad. Tenemos la firme intención de que los materiales y la metodología que usamos asuma esta diversidad. 
            En nuestro primer supuesto podemos encontrar, por ejemplo, un alumno superdotado con una gran capacidad para las matemáticas pero serios problemas de adaptación grupal. Nuestros docentes en las diversas materias prestarán especial atención en realizar actividades y dinámicas de grupo con una metodología activa y participativa que fomente su integración con el resto del grupo. Una forma (de las muchas posibles) sería la esbozada por Francesco Tonucci: “El enriquecimiento mediante el aprendizaje recíproco y la ayuda mutua. Chicos superdotados que enseñan a niños menos capacitados que ellos en la resolución de problemas matemáticos. Esta relación de trabajo es formativa para los dos, reitera, ya que el superdotado, por decirlo de algún modo, siente orgullo al trasladar sus conocimientos a sus compañeros”. De esta forma se afianza la seguridad, la autoestima, se fomentan las habilidades sociales, la integración con el grupo, el respeto a la diferencia, etc.
            En un supuesto segundo ejemplo, presentamos a una alumna con trastorno del espectro autista, que tiene graves problemas para comunicarse mediante el lenguaje hablado, pero que sin embargo, muestra una capacidad alta para la música o las artes. En este caso se procurará fomentar su creatividad y talento mediante actividades en las que también participen el resto de la clase, integrando el lenguaje como parte de la dinámica, de forma que cada alumno alcance un aprendizaje según su propias capacidades y aptitudes.
            El objetivo a gran escala es: Todos aprenden de todos, todos colaboran y cooperan con todos, todos comparten el aprendizaje y refuerzan habilidades, conocimientos y modifican actitudes y comportamientos respecto al grupo.
            Por decirlo de una forma más directa y cruda, en relación a los alumnos con riesgo de exclusión por el motivo que sea: altas capacidades o discapacidad, etnia, nivel socio-económico, cultural, etc. estos podrán desarrollarse socialmente, mejorar sus puntos débiles, afianzar relaciones con sus iguales etc. gracias a la ayuda del resto de los integrantes de la comunidad educativa y familiar, y de forma más detallada dentro del aula a través de un gran alarde de tesón, paciencia y empatía de nuestros docentes hacia los niños y niñas con necesidades educativas especiales.

LA EDUCACIÓN EMOCIONAL COMO PILAR

Somos conscientes de que todas las materias de enseñanza son importantes. Tanto las que se ocupan de la educación en su vertiente científica como humanística. Pero aun teniendo esta realidad presente queremos volver a retomar que hay una materia a la que debemos prestar especial atención. Nos referimos a la educación emocional.  Esta debe cubrir una serie de necesidades básicas sociales en nuestros alumnos y alumnas. Para ello nuestro centro debe estar dotado de una serie de educadores, que como decíamos con anterioridad, tienen que estar altamente comprometidos y preparados para abordar esta compleja misión.  
 
       No se trata solo de educar en competencias, también se debe educar en una serie de valores que van desde la autoestima, el compañerismo, el bienestar social, la habilidad para aprender a aprender, la inteligencia interpersonal e intrapersonal, el auto-aprendizaje, aprendizaje cooperativo y colaborativo, etc.  Hay múltiples teorías que abalan este tipo de educación desde la neurociencia, la psiconeuroinmunología, la teoría de las  inteligencias múltiples o la inteligencia emocional   (Rafel Bisquerra, 2016).
          Para llevar a cabo este tipo de educación es necesario realizar una educación donde la palabra innovación brille en todo su esplendor a cada momento de la vida educativa de nuestros niños y niñas en nuestro centro educativo. Hay que dejar a un lado las trasnochadas actuaciones pedagógicas tradicionales, que ponían el trabajo y el estudio memorístico junto con el aprendizaje basado en rutinas y la repetición, como centro y eje del aprendizaje.  Parece que la vuelta a estos métodos es el fundamento de la nueva ley educativa LOMCE una educación llena de trabas, exámenes, sesgada, selectiva, enfocada para que a priori sólo una élite sea capaz de alcanzar estudios superiores universitarios, entre otras circunstancias.
         Los encargados de llevar a cabo la enseñanza en nuestra particular escuela deben ser conscientes de que la educación impartida, (ya sea como profesionales en nuestro centro o la asumida durante los años de aprendizaje y formación inicial en la carrera de magisterio) debe estar marcada por un trabajo cooperativo y colaborativo de sus miembros, futuros y futuras docentes.
        Tenemos muy claro que los docentes de nuestra escuela deben dar prioridad a lo grupal sobre lo individual, donde un valor fundamental, a tener en cuenta por nuestros educadores, es en aprender a compartir por encima de la actitud competitiva, con el objetivo de aprender los unos de los otros. No nos olvidemos de que el educador tiene por delante un proceso de continua y constante formación, la educación es un proceso de vida, de la misma forma que el artista intenta perfeccionar una misma escultura o composición musical a lo largo de toda su vida con la intención de conseguir la a veces inalcanzable excelencia. Esto es algo dificultoso, imposible de lograr diríamos, pero en nuestros educadores debe existir al menos esta predisposición y constante búsqueda de mejora.  
            Nuestra idea de hacer de la innovación el eje de la enseñanza, donde predomine la educación emocional no surge de manera casual o por intuición sino de nuestro auto-convencimiento, basado en los avances que han tenido lugar en la neurociencia. Creemos que nos es objeto de este blog ahondar en las bondades de la neurociencia en el campo de la educación pero si queremos hacer una breve referencia a lo expuesto por Miguel Sola en uno de sus artículos: “Las teorías psicológicas y sus correspondientes propuestas pedagógicas y didácticas están siendo refrendadas por hallazgos científicos indiscutibles; lo que solo eran modelos para comprender al aprendizaje, basados en la observación y el análisis de las conductas, ahora encuentran justificación en el comportamiento observable y medible de la actividad neuronal”.


            Como nos sigue anotando en su artículo Miguel Sola nada de esto es novedoso, nosotros pensamos que quizás lo más novedoso sería que los centros públicos pudieran superar los escollos y zancadillas del gobierno de turno para llevar a cabo una auténtica enseñanza innovadora en centros públicos y no solo, como anteriormente expusimos, en centros prefabricados para una élite, como es el caso de los centros Montessori de reconocimiento internacional y óptimos resultados.  
           Como apunte final a este apartado queremos exponer que la innovación no se trata solo de emplear recursos TIC, una pizarra virtual, un proyector, un equipo de sonido, o un software libre de uso en un aula acondicionada con ordenadores para los discentes, sino que se trata de una forma de entender la educación de una filosofía de enseñanza, que va más allá de lo meramente material y superficial. La innovación y los frutos de una educación emocional deben ir hacia un enfoque profundo de la enseñanza en el aula que además debe prolongarse fuera de esta en la vida cotidiana de los niños y niñas a través de sus relaciones, intrapersonales, familiares y sociales.

NUESTRA ESCUELA IDEAL ES YA UNA REALIDAD.

Para nosotros, la escuela que deseamos sería una que fuese una casa, es decir, una planta baja y no un edificio. Estaría rodeada de una extensión muy amplia de zonas verdes y llanas, jardines, huertos, césped, pequeña granja. Pedimos un espacio que sea, en la mayor medida de lo posible, autosuficiente, ecológico, saludable para los niños y que los pusiese en contacto con las materias primas, los medios de producción y la naturaleza, siempre desde lo sostenible para el medio ambiente. Se les inculcaría que hay otras formas de convivir con el medio.  


La teoría, la práctica y los grupos.
 Apoyamos una educación que los contenidos teóricos de las materias tendrían una aplicación práctica directa. Talleres de madera, de pequeña construcción, de costura, les ayudaría a manejar de forma práctica las materias, los introduciría en el equilibrio y la proporción de las formas. Se dice que se aprende el 90 % de lo que se enseña, así que se daría voz a los alumnos para que ellos también enseñen. Esto elimina la idea de una enseñanza vertical, entendida como la supremacía del profesor y la escucha pasiva del alumnado. El maestro es más bien un guía y los alumnos podrán, entre otras cosas, trabajar por proyectos


Sin embargo, hay que cubrir unas bases teóricas, sobre todo en la lectoescritura. Eso no quiere decir que tenga que ser más aburrido. Dependerá de la inventiva del maestro hacer atractivas la inmersión de los contenidos más meramente teóricos o introductorios para actividades superiores. 


La última cuestión de este apartado es, ¿debemos dividir a los alumnos según edades? La respuesta es no. A principio de curso, profesores se pondrán de acuerdo en los proyectos y actividades, y según esos proyectos decidiríamos cómo mezclarlos. Esta organización de primeras no es fácil. Se propondrá que los alumnos interactúen y conecten lo más posible los unos con los otros, haciendo uso, por ejemplo, de las tareonomías. Esta última herramienta nos parece fantástica, y muy práctica.  


¿Cuáles serían las materias?
 - Talleres prácticos. Útiles para la vida. 


- Dibujo, con introducción a las matemáticas y uso de proporciones. También se introducirían juegos de lógica. Sería pues, en cierto sentido, un comienzo de dibujo técnico y de sentido espacial, pero a la vez y de forma separada, dibujo artístico. Se fomentaría la expresión artística de las emociones o de lo que quieran. 


- Simulación. incluye teatro y problemas prácticos de la vida adulta. Queremos aclarar aquí que esta asignatura propone presentar los problemas matemáticos que se presentan por escrito, haciendo una representación real, palpable de los problemas. Creemos que los alumnos no se impregnan de los problemas matemáticos más básicos porque no han tenido la experiencia real. 


- Lectura y escritura. Se pondría en conexión con el taller de teatro, como una forma de fomentar la lectura y la literatura. 


- Planeta, medio ambiente. Esta parte estaría en coherencia con la arquitectura y alrededores del colegio. Se pondría en contacto con el medio ambiente explorando las zonas próximas, conociendo las especies locales.


- Emociones. Nos enfocaremos en la expresión de las emociones, la resolución de conflictos internos. Para ello, nos valdremos de herramientas de trabajo como la musicoterapia, risoterapia, entre otras. Las actividades de preparación de teatro también son una forma de trabajar las emociones. 


- Música. Enfocaremos esta área en la experiencia de melodía, ritmo y armonía antes que en la lectura de partituras. Improvisación, cantar canciones, formación de un coro, tocar instrumentos, creación de grupos musicales, ya sean solamente percusivos, al estilo rock, u otras combinaciones; serían parte de las actividades. Posibilidad de hacer representaciones conjuntas que incluyesen baile, música, teatro… cualquier tipo de performance. 


- Sociedad. Una propuesta de asignatura sería también una que tratase la ciudadanía, los derechos y obligaciones del centro, como una forma de empezar a introducirlos en la ciudadanía adulta. Se podrían escribir los estatutos y derechos del colegio o ponerse en ese supuesto. Por otro lado que también afrontase los problemas de clase. Opinamos que estas medidas aportarían un grado de madurez y responsabilidad mayor en el alumnado, lo que  podría plantear que se formasen asambleas con los alumnos, como en las escuelas de Summerhill. 


Los deberes.
 ¿Sirven para algo? Fomenta la constancia, el trabajo, la recompensa tras el esfuerzo. Pero hay, en realidad,  otras formas de fomentar y recompensar el esfuerzo. Por ejemplo, en los talleres, sólo tras el esfuerzo aplicado conseguiremos un resultado físico aceptable. Por lo tanto, apoyamos una escuela sin deberes.


Cuestiones organizativas internas del centro.
 Con respecto a la organización del tiempo, proponemos un horario en el que empiecen a las  8  con un descanso de media hora a las 10 y media, y luego cortar las actividades a las 1 de la tarde. A esa hora, sería el comedor. Después de la comida hay varias opciones, la siesta, el juego libre o volver a casa. Los que se quedasen para la siesta o el juego, volvería a casa a las 3.  


Desde nuestro punto de vista, la escuela sería pública y accesible a todo el mundo. Aun así aceptaríamos donaciones y añadiríamos un servicio de crowdfunding, con el total compromiso de que ese dinero, esas infraestructuras, o materiales aportados se quedarían en los confines del colegio. El dinero puede usarse para la formación continua del profesorado, que estaría fomentada. En caso de excedentes, el dinero se donaría para solventar las necesidades de las cercanías del colegio, o se reservaría para el año siguiente. 


La selección del profesorado nos ha llevado a un duro debate. Por una parte, en colegios públicos el centro no elige a sus profesores, por otro, nos gustaría profesores comprometidos con el proyecto. Lo ideal sería, desde luego, que todos los maestros que saliesen de magisterio tuvieran una conciencia real, pero introducir el cambio real es difícil. La clave este embrollo nos la ha dado nuestro profesor: no se puede obligar a nadie a hacer nada, ni tampoco a comprometerse con nada. Visto esto, concluimos pues que, si la directiva y las condiciones de trabajo son realmente óptimas, los profesores se sentirán lo suficientemente a gusto como para que trabajen felices y les guste el proyecto que se realiza en la escuela. Con suerte, estarán implicados. 


Pensamos en una escuela con conciencia local. Se procurará que la adquisición de suministros y materiales se consiga de las cercanías del pueblo, eliminando así los costes de transporte, y siempre apoyando al pequeño comercio, a la vez con el compromiso de que éste sea sostenible. Por otro lado, lo que produzca el colegio se quedará en la ciudad, pueblo o cercanías, para enriquecerla.


Por último, queremos decir que nos negamos a que nuestro deber se quede en la primaria. Hay una imperante necesidad de conectar la primaria con la secundaria, donde es cuando realmente se forjan y consolidan los valores, donde la influencia de los iguales, y de ciertas personas significativas llegan a tu vida y te tocan y determinan tanto la forma de ver la vida, los valores. Debe haber una transmisión, un trabajo en conjunto entre primaria y secundaria. Sería posible incluir la secundaria en el propio centro. 


Como conclusión vemos que nuestras propuestas NO son irrealizables, no es una utopía. Ya se han hecho y puesto en marcha escuelas como esta, actualmente otras están en funcionamiento. Lo único que nos hace falta que tengamos la ilusión y el empuje suficiente para que este proyecto se haga realidad.